Ferrara es una de las ciudades más importantes de la región de Emilia-Romagna. Se asienta junto al río Po y desde principios de la Edad Media destacó como nudo comercial gracias a su excelente localización. Más adelante la familia Este, gobernantes en la ciudad y titulares del ducado que llevaba su nombre, le dieron el máximo esplendor durante el Renacimiento, siendo además promotores artísticos de algunas de las obras más importantes que podemos disfrutar y que han llegado hasta nuestros días.

En la Semana Santa de 2013 pasamos unos cuantos días en Bolonia e hicimos un par de excursiones de un día a localidades cercanas. Sin duda Ferrara nos gustó mucho y, además, teniendo en cuenta la corta distancia desde la capital boloñesa (apenas una hora en tren) y el pequeño tamaño del centro histórico se convierte en una visita ineludible y muy recomendable por su interés en todo viaje a Emilia-Romagna.

Ferrara palazzo Bentivoglio

Descubriendo maravillas nada más llegar- Palazzo Bentivoglio

Poco después de emprender nuestro camino hacia el centro histórico desde la estación de tren (que suelen estar bastante céntricas en Italia), ya nos sorprendió la inmensa fachada decorada del Palazzo Bentivoglio (que es una residencia privada). Esto sólo podía augurar más maravillas de esas que tanto nos gustan. En efecto, muy pronto llegamos al Palazzo Communale por cuyo patio pasamos para admirarnos enseguida ante la maravillosa fachada de la Catedral de Ferrara.

Dicha catedral, consagrada en 1135 y dedicada a San Jorge, es símbolo de la ciudad (junto al Castillo Estense) y una obra maestra que fusiona a la perfección el románico y el gótico en su fachada tripartita. Con decoración alusiva al Juicio Final en el tímpano que se eleva sobre la portada central y una Virgen con Niño bajo un baldaquino, el visitante no podrá por menos de admirarse de tamaña obra, de delicada ejecución y simbiosis de estilos única.

Si entramos nos sorprenderá el interior, muy monumental y de factura muy posterior ya que un terremoto acabó con el original. Así, durante los siglos XVI, XVII y XVIII se sucedieron varias intervenciones que han dejado su huella y entre las que destacan el coro y el ábside reconstruidos entre 1498 y 1507. En este último la pintura del Juicio Final de Bastianino nos recordará seguramente al mucho más famoso de Miguel Ángel en el que se inspiró.

Ferrara Catedral

Magnífica fachada de la Catedral de Ferrara

En el lateral de la Catedral que está exento podremos ver la bonita Loggia dei Mercanti ( Logia de los Mercaderes), un pórtico construido en el siglo XV para dar alojamiento a las tiendas de artesanos que aún podemos ver hoy en día.

Muy cerca de la sede eclesiástica, como suele suceder en muchas localidades de Italia, se encuentra el símbolo del poder civil más importante de la ciudad: el Castello Estense. Quizá fuera la visita ferraresa que más nos gustó y en la que más tiempo invertimos. Además, al viajar con nuestro hijo, que por entonces tenía 7 años, nos pareció muy interesante. No dejó que nos perdiéramos ni un rincón y lo recorrimos en todas sus dependencias, que son muchas.

Edificado a finales del siglo XIV, cuenta con un exterior fortificado y rodeado por un foso que da buena cuenta de su finalidad militar inicial. Más adelante, ya en el siglo XV, con el duque Ercole I d’Este, se convierte en residencia ducal y palaciega, creándose una gran cantidad de estancias decoradas a tal fin.

No es este un palacio al uso, no guarda infinidad de obras de arte decorativas. Más bien está bastante vacío y precisamente por eso para mí resultó interesante descubrir poco a poco las estancias que se iban sucediendo: desde las mazmorras lúgubres y agobiantes del subsuelo, pasando por las cocinas y llegando finalmente a las habitaciones de la corte. Los magníficos techos decorados con frescos con alusiones mitológicas se contemplan muy bien gracias a los juegos de espejos que se han habilitado en las salas. La llamada Sala de los Juegos, la Capilla Ducal  o la Sala de la Aurora te llevan de viaje en el tiempo hasta la corte renacentista de los Este.

Ferrara Castillo

Castillo Estense en Ferrara

Tras estas dos visitas ya había llegado la hora de comer  y eso se hace muy bien en Emilia-Romagna, así que repusimos fuerzas antes de hacer una última visita “cultural”, que tampoco hay que saturarse ni saturar al peque (que bastante paciencia tiene). Nos fuimos a visitar un lugar poco turístico pero muy, muy interesante y del que hablaré más en un futuro post: el Palazzo Schifanoia (algo así como “esquivar el aburrimiento”). En efecto, este palacio algo apartado tiene dos secretos: uno, el precioso jardín que lo rodea y que es verdadero remanso de paz en el centro de Ferrara; y otro, los maravillosos frescos de la Sala dei Mesi (Sala de los Meses). Una soberbia exhibición de arte renacentista en la que no se podía fotografiar y en la que algunos aparecen muy dañados.

Después de esta visita, sólo nos quedaba (sólo es un decir, pero sí para el tiempo que teníamos antes de la salida del tren) alquilar una bici y hacer un recorrido como tantos ferrares (en Italia sólo he visto tantas bicicletas en Lucca). En Ferrara más que coches o “motorinos”, hay bicicletas y nos apetecía pasear un rato. Nuestro gozo en un pozo, muchos sitios de alquiler estaban cerrados a esa hora y el que encontramos abierto no tenía bicis para Javier (eran demasiado grandes). Así pues, decidimos callejear, que casi nos gusta más que montar en bici y así nos “perdimos” intencionadamente por las callejuelas del guetto judío.

Ciudad de comerciantes, la población judía está documentada desde finales del siglo XIII y aumentó a partir de los años siguientes, cuando los Este acogieron a varias familias que huían de las persecuciones en otros lugares, dándoles garantías y privilegios. En 1492 llegaron muchos judíos procedentes de España y más tarde portugueses y alemanes. Pronto se convirtió en una de las principales comunidades judías de Italia. Tras la caída de la familia Este y bajo el dominio papal de la ciudad, fueron relegados al guetto.

Ferrara guetto judío

Calle del guetto judío en Ferrara.

Así terminamos nuestro recorrido de un día, corto pero intenso, por esta bonita ciudad que forma parte del Patrimonio de la Humanidad UNESCO como ciudad del Renacimiento (junto al delta del río Po, tan cercano y al que debe tanto).

No puedo dejar de recomendaros que la visitéis si vais a viajar por la región. Os sorprenderá y os gustará. Es de esos lugares abundantes en Italia que sorprenden al viajero y admiran al enamorado del arte por tantas maravillas que hay a cada paso.