Bolonia, capital de la región de Emilia-Romagna, tiene mucho que visitar. Con la incorporación de vuelos de bajo coste hasta allí, ahora se puede viajar desde España en muy poco tiempo hasta una de las ciudades italianas que más me han sorprendido en los últimos años.

Durante la Semana Santa de 2014 pasamos cinco días en los que recorrimos la ciudad y tuvimos tiempo de acercarnos a otras localidades cercanas. La ciudad llamada “grossa, rossa y dotta” cumple de sobra las expectativas del viajero que quiere dejarse sorprender.

Aquí te dejo una pequeña guía con las 10 cosas que no puedes dejar de lado en esta bonita ciudad.

  1. Pasear por sus pórticos o soportales: con casi 40 kilómetros de recorrido, uno puede visitar todo el centro histórico de la ciudad casi sin salir a la calle. Nacieron para poder ampliar las viviendas ante el aumento de población durante la Edad Media, y los hay de todas las épocas y tipologías. Podemos pasar bajo pórticos medievales como los de la Casa Isolani, o más actuales como los de la Vía dell’ Independenza; sea como fuere, pasear bajo los soportales es un placer que además protege de las inclemencias del tiempo.
  2. Recorrer su Piazza Maggiore y alrededores: si en toda ciudad italiana el centro urbano está marcado en su plaza, aquí mucho más, ya que son varias en una. Palacios medievales y renacentistas la componen (del Podestà y del Rey Enzo, por ejemplo) y se une a la Piazza de Nettuno presidida por la magnífica estatua homónima del gran Giambologna. La iglesia de San Petronio, patrono de la ciudad, muestra su fachada inacabada, con obras de Della Quercia en las portadas y un interior magnífico. Sólo en esta plaza uno puede pasar los ratos contemplando el ir y venir o disfrutar de varios siglos de arte.
  3. Fijarte en las Dos Torres: son símbolo de Bolonia y permanecen desde tiempos medievales como testimonio de las cientos de torres con las que contaba la ciudad. Pasaron de tener funciones de observación militar a ser símbolo de prestigio, y hoy en día la Torre degli Asinelli (asnos) y la Torre Garisenda parece que se chocan por momentos. Han resistido guerras, incendios y hasta terremotos y se mantienen en pie desde el siglo XII. La Garisenda fue mencionada por Dante en su “Divina Comedia”.
  4. Visitar su Archiginnasio: este edificio discreto, que no llama especialmente la atención desde fuera, acogió la primera sede de la Universidad de Bolonia (la docta) con el fin de unir en una sola sede la escuela de Leyes y la de Arte (que englobaba muchos saberes). Si ya en la escalera que sale del patio porticado llaman la atención los blasones de alumnos y profesores que hay en la pared, en la primera planta no debes dejar de visitar la magnífica sala o “Teatro Anatómico” donde se impartían lecciones de medicina, y la singular “Sala del Stabat Mater”.Bolonia
  5. Disfrutar de la vista que hay desde las colinas que la rodean: nosotros tuvimos la suerte de poder hacerlo, de manera imprevista, al tomar el bus turístico en Piazza Maggiore. Era un día fresco y soleado y nos llevó hasta San Michele in Bosco donde paró un momento para ver de lejos y desde lo alto la ciudad “roja”.
  6. Conocer a fondo la bella y curiosa iglesia de Santo Stefano: de las más increíbles que he conocido nunca (y he visto unas cuantas). Varias iglesias en una que hacen un recorrido artístico e histórico increíble y con toques de sorpresa y de un algo mistérico.
  7. Visitar el pequeño museo e iglesia de San Colombano, dedicado a la colección Tagliavini de instrumentos antiguos. Un placer para los sentidos que puede unirse a alguno de los conciertos ofrecidos por las tardes.
  8. Fijarte en detalles tan curiosos como los “Compianti”, obras maestras en terracotta que puedes ver en diversas iglesias como la catedral y Santa María della Vita; o el recóndito canal que nos evocará a Venecia y que pasa por un callejón del centro de la ciudad.
  9. Callejear por sus calles medievales que, partiendo de las Due Torri, bajan por la Strada Maggiore donde podrás encontrar la Casa Isolani, construcción civil del siglo XIII, o la cercana Santa Maria dei Servi y su pórtico del Quattrocento, ya del Renacimiento.
  10. Comer bien, muy bien y a buen preciosi en toda Italia se come de maravilla, en Bolonia (la gorda) se disfruta de especialidades tan conocidas como la pasta “al ragú” que aquí llamamos “boloñesa”, de dulces, y de productos típicos de la región Emilia-Romagna: queso parmiggiano reggiano, aceto balsámico di Modena, etc. No dejes tampoco de probar los riquísimos helados de lugares con tanta tradición como la Sorbetería Castiglione en la calle del mismo nombre.

 

Si te decides por Bolonia, no te arrepentirás y pasarás unos días estupendos entre lugares de arte, vida estudiantil, pórticos kilométricos y buena comida. Estarás deseando regresar a esta ciudad tan roja, tan gorda y tan docta.

 

Bonus: si quieres ambientarte en Bolonia, no dejes de escuchar las canciones del gran Lucio Dalla, boloñés de pro. Especialmente, te recomiendo la bonita “Piazza Grande”.