La Capilla de Sansevero es sin duda el lugar más mágico de la bella y simpar ciudad de Nápoles. Cuando tuve la oportunidad de visitarla hace ya cuatro años iba con las prevenciones típicas de haber escuchado opiniones diversas.

Sin duda Nápoles es de estos lugares que, o te atraen o te repelen. Creo que no hay término medio con Nápoles. A mí me cautivó y la recomiendo una y otra vez. A Nápoles hay que viajar para dejarse sorprender sin miedo, recorriendo sus calles del centro con calma y asomándose a cada portal.

Así, descubrirás tesoros inimaginables, como el que hoy te traigo: la Capilla de Sansevero. Un recinto lleno de misterios en su origen, en su fundador e incluso en la concepción del mismo. Hay que ir con cuidado, porque si no la buscamos, podemos perdérnosla en el bullicio de Spaccanapoli y sería una lástima porque es de las visitas que más merecen la pena.

Rostro del Cristo Velado de la capilla de San Severo.

Rostro del Cristo Velado de la capilla de Sansevero. Imagen de David Syvier con licencia Creative Commons.

 

La bella Capilla de Sansevero fue fundada en la segunda mitad del siglo XVIII por Raimundo de Sangro, príncipe de Sansevero y propietario de muchos otros títulos, entre ellos Grande de España ya que pertenecía a la corte de Carlos III, por entonces rey de Nápoles y Sicilia.

Era este un personaje peculiar: noble masónico, de gran cultura (como correspondía a la época de la Enciclopedia) y bastante amigo de todo lo mistérico. Inventor y también alquimista y en fin, algo fantástico, ya que él mismo se atribuyó logros que no fueron tales. Tuvo más de un encontronazo con la Iglesia por sus opiniones controvertidas y prácticas algo discutibles. Y, sin embargo (o por ello mismo), ideó uno de los lugares más fascinantes de todos los que conozco.

Entrar en la Capilla de Sansevero es trasladarse al extraño imaginario del príncipe. Es descubrir un lugar de silencio, aunque no de oración. No, no creo que llame a la oración aunque sea una capilla.

Se trata de una templo familiar repleto de grupos escultóricos enormes y algo inquietantes y toda ella recubierta de mármol de diferentes tonos. En cada grupo, una figura representa a un miembro de su familia. Así, La Modestia sobre la tumba de la madre del príncipe, o el Desengaño sobre la de su padre.

 

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Vista de la Capilla de Sansevero con el Cristo Velado en el centro. Imagen de David Syvier con licencia Creative Commons.

 

El rey de la Capilla es sin duda el Cristo Velado yacente y perpendicular al altar. Se trata de una escultura bellísima, obra de Giuseppe Sanmartino, esculpida en un único bloque de mármol  en el que destaca la realización de los velos que cubren a Cristo. Las delicadas telas semitransparentes permiten ver el rostro de Jesús y se adhieren al cuerpo de manera realista.

La leyenda dice que no es de mármol la tela que cubre la imagen sino de un tejido “marmorizado” por alguna de las sustancias que fabricaba el propio príncipe. Como dije antes, no me parece una capilla de oración sino más bien de asombro, ingenio e incluso “alucine” ante los contrastes de color y las imágenes que la decoran.

No os vayáis de la Capilla de Sansevero sin visitar la cripta en la que se hayan dos máquinas anatómicas. Como tantas cosas en Nápoles, están rodeadas de misterio ya que se creyeron cuerpos embalsamados de algún modo. Sin embargo, parece ser que están realizadas en cera junto con restos óseos de un hombre y una mujer.

Sólo en una ciudad como ésta podría haber una capilla así. ¿No os parece?