Si hay una ciudad que me cautivó al conocerla, esa es Nápoles. La capital de Campania es mucho más que la ciudad caótica que todos tenemos en mente al pensar en ella. Estamos muy mediatizados por el cine, las noticias y las opiniones, y realmente es una ciudad que merece ser conocida, paseada y sobre todo vivida.

Hoy traigo aquí alguna de las curiosidades e historias más o menos reales que conocí visitando la ciudad y que se encuentran en cada esquina y en cada edificio de ese centro histórico maravilloso.

  • catedral de Nápoles

    Fachada de la Catedral de Nápoles, donde están las reliquias de San Genaro

    Posiblemente sepas que el santo patrono de Nápoles es San Genaro. Quizás te suene que tres veces al año, la ampolla con su sangre se expone a la devoción del pueblo napolitano. En esos días, no falla, la sangre coagulada se hace líquida y se considera mala suerte que no suceda. ¿Milagro o no? La cosa es que se cree que al trasladarse las ampollas, alguna sustancia de la sangre coagulada se activa contribuyendo a su licuación.

Por cierto, en la calle San Gregorio Armeno, la de los belenistas, en el número 41 nació el santo en el año 272. Hoy allí podemos encontrar una pequeña iglesia abandonada, que en origen era un templo pagano. Fue la primera iglesia de devoción del santo. En la fachada se pueden observar unos bajorrelieves que reproducen el milagro de la licuación de la sangre.

San Giuseppe Moscati

Entrada del Gesù Nuovo con imagen de San Giuseppe Moscati

  • Si paseas por el centro histórico de la ciudad, llegarás sin duda a la plaza del Gesù Nuovo, donde se encuentra la fachada en punta de diamante de la iglesia de los Jesuitas. El interior, en el que no se puede hacer fotos, es magnífico. Pero nos vamos a parar en este señor de la foto, un caballero de principios del siglo XX, médico y santo: San Giuseppe Moscati. Si entras en la iglesia, en la primera capilla a mano derecha, verás su estatua en bronce, vestido con la bata de médico y con instrumental propio de la profesión como el fonendo. Posiblemente te encuentres a gente rezándole o casi hablándole y, esto es lo más curioso, acercándose a tocarle la mano derecha, que aparece bastante desgastada. Tras nacer y vivir de manera acomodada durante los primeros años de vida, el santo conoció la desgracia de un accidente que tuvo su hermano, al que cuidó en cuerpo y alma. Más tarde estudió medicina y dedicó su vida a la asistencia sanitaria de los menos favorecidos ganándose el apelativo de “médico santo”. Murió con 47 años y sus restos se encuentran bajo el altar de la capilla en la que se rinde tributo.
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Claustro del Monasterio de Santa Chiara

  • A pocos metros de los Jesuitas, nos encontramos con uno de mis lugares favoritos en la ciudad: el precioso Monasterio de Santa Chiara. Compuesto por una iglesia angevina (ejemplo de las construcciones de los Anjou) que sorprende por su pureza de líneas, cuenta con el soberbio espacio de su Claustro “maiolicato”, o alicatado.

Pocos lugares hay que tengan una canción dedicada, en Nápoles sí suceden estas cosas y el Monasterio de Santa Chiara tiene dedicados unos versos que también son canción (napolitana, por supuesto).

Munasterio ‘e Santa Chiara,
Tengo ‘o core scuro scuro.
Ma pecché, pecché ogne sera
Penzo a Napule comm’era?
Penzo a Napule comm’è?