De Nápoles puedo hablar durante horas ya que es una de las ciudades que más me ha fascinado y sorprendido al conocerla. Con una fama ambigua entre los viajeros, hay gente que la adora y gente que abomina de ella.

Sea como sea, es cierto que es un lugar para ir con la mente abierta y para dejarse sorprender por los innumerables contrastes que te encuentras en ella, a cada paso y en cada esquina.

Hoy quiero darte mis 25 recomendaciones sobre qué ver y hacer en Nápoles, si te decides ir a conocer a esta vieja dama con más de una capa.

  • Cartuja de San Martino: para visitarla tienes que subir al barrio del Vomero, y creo que no arrepentirás cuando pasees por sus claustros, visites su barroquísima iglesia y te asomes a la bahía de la ciudad que se extiende a los pies de la colina sobre la que se asienta.
  • Pasear por el Vomero: ya que has subido hasta aquí, date un paseo por esta zona de la ciudad, tan diferente de la que has dejado atrás ya que es mucho más ordenada y moderna (empezó a levantarse a finales del siglo XIX).
  • Tomar el famoso funicular de la canción para subir allí: llamado “el tren de las delicias” cuando se instaló en 1875, permitía el acceso desde el centro napolitano hasta lo alto de la colina del Vomero. Hoy en día hay varias líneas y aunque casi todo el trayecto es por túneles, guarda el encanto de un medio de transporte poco habitual.

 

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  • Recorrer Spaccanapoli: el antiguo Decumanus de los romanos es hoy una calle no muy ancha que cruza el centro histórico de la ciudad. En pocos lugares de Italia (y por ende, del mundo) podrás ver la concentración de conventos e iglesias que hay en esta calle. A la vez está llena de trasiego y de vida popular. Innumerables negocios, restaurantes, pastelerías, tiendas de souvenirs y de lo que se te ocurra se encuentran aquí. Sólo con pasearla y visitar todos los sitios de interés que hay en ella podría pasarse un día entero.
  • Ver la aguja de los Dominicos: de todas las “agujas” de la ciudad, la más llamativa es la que se sitúa en la Piazza di San Domenico Maggiore. Varios palacios la conforman y en ella también se sitúa la iglesia de los dominicos que da nombre a la plaza.

 

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  • Visitar el Monasterio de Santa Chiara: se trata de uno de mis lugares favoritos en la ciudad y de un auténtico remanso de paz en la movida ciudad. El maravilloso claustro de mayólicas con motivos vegetales y marítimos es de los más bellos que conozco, mientras que la iglesia, que se remonta al siglo XIV, acoge las tumbas reales de la dinastía Anjou.
  • Cruzar casi enfrente para conocer la iglesia de los Jesuitas: situada a dos pasos del Monasterio, llama la atención su fachada en punta de diamante y en tonos grises. El Gesù Nuovo (como se llama) tiene un magnífico interior de mármol y cuenta con una capilla donde reposan los restos de San Giuseppe Moscati, un santo contemporáneo.

 

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  • Acercarte a la calle de los Belenes, San Gregorio Armeno: una calle que sólo puede estar en Nápoles, ya que en otros sitios sería impensable que todo el año hubiera infinidad de negocios dedicados a la elaboración artesanal de belenes. Es una calle bulliciosa, donde suena música y en la que se exponen no sólo figuras tradicionales sino también menos convencionales y más actuales y que no es extraño puedan estar junto a la Virgen o al Niño Jesús.
  • Pasear por los soportales de la vía dei Tribunali, antiguo Decumano Mayor. Se trata de una de las vías principales de la antigua Nápoles romana, formada por una cuadrícula de tres calles que iban de este a oeste (decumani) que eran cortadas por las cardines que iban de sur a norte. Los soportales destartalados se alternan con iglesias magníficas y con callejones que pueden perfectamente terminar en una capilla devocional o en un palacio semioculto. Esto es Nápoles.

 

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  • Visitar uno de los mejores museos arqueológicos del mundo, el  Arqueológico Nacional. Aquí en Nápoles, que ha sido griega y romana antes que francesa o española, hay innumerables restos arqueológicos y lugares tan emblemáticos como Herculano o Pompeya. Este precioso museo alberga piezas tan importantes en la historia del arte como el grupo de los Tiranicidas, el Hércules Farnesio o el mosaico de Alejandro Magno de la Casa del Fauno. Todo un lujo pasar un buen rato en él.

 

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  • Dar un paseo nocturno por la rivera de Chiaia y ver castillos, poblados marineros, grandes hoteles y gente que pasea por uno de los lugares más bonitos de la ciudad. Aquí podrás ver la inmensa mole del Castel dell’Ovo con el Borgo Marinaro a sus pies y disfrutar de una zona excepcionalmente limpia y cuidada en esta ciudad de contrastes.