La basílica de San Nicolás en Bari es posiblemente el edificio religioso más importante de la ciudad. La capital de Puglia cuenta con un casco histórico recuperado en los últimos años y aunque en el medio del mismo está la catedral, es realmente San Nicolás el centro de peregrinaje y devoción.

Es sin duda el emblema de una ciudad, y las calles del casco histórico, tan estrechas y sinuosas, dirigen los pasos del visitante despistado que cruzando un arco no puede dejar de asombrarse ante la plaza que se abre delante de la basílica. Se trata además de uno de los ejemplos más paradigmáticos del llamado “románico puliese”, típicamente realizado en piedra calcárea blanca  y  situado cerca del mar (como la catedral de Trani, por ejemplo).

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Parte del complejo de la Basílica de San Nicolás

La basílica se construyó entre los años 1087 y 1100 para albergar los restos de San Nicolás, que fueron traídos por marineros bareses desde la localidad de Mira, en Asia Menor, dicho año de 1087. Provisionalmente los restos se acogieron en la vecina iglesia de San Benito, pero enseguida se pensó en construir un templo lo suficientemente importante para guardar las reliquias del santo y en poco tiempo se había realizado la cripta en la que se depositaron.

Portada basílica de San Nicolás.

Portada basílica de San Nicolás.

El pórtico de entrada es impresionante, enmarcado por dos enormes pilastras que descansan sobre columnas y lo dividen en tres partes, en cada una de las cuales hay una puerta de acceso a la basílica. En la parte inferior de la fachada varios arcos ciegos la dotan de cierto movimiento, mientras que en la parte superior hay un rosetón y varios vanos bíforos (de dos aperturas). La portada central está protegida con un baldaquino, y llaman la atención los dos leones que lo sustentan y parecen vigilar la entrada.

En el interior la planta basilical se divide en tres naves y guarda dos piezas impresionantes del arte románico: la llamada Cátedra de Elías y el ciborio que hay sobre el altar. Dos filas de columnas dividen las naves y al fondo, a modo de iconostasio, se cierran con tres arcos para separar el presbiterio.

San Nicolás de Bari interior

Interior de la basílica de San Nicolás

En el lado derecho del altar se encuentra el dedicado a San Nicolás y está realizado en plata. Si miras arriba verás un impresionante techo barroco que sustituyó al original de madera en torno a 1660, en el que se representan la historia del Santo y el Paraíso.

Uno de los espacios más curiosos de esta basílica es la cripta que se encuentra bajo el transepto y a la que se accede bajando unos escalones. La sostienen 29 columnas delicadas y es el lugar de peregrinaje para rezar ante las reliquias del San Nicolás. Fue consagrada por el papa Urbano II con motivo del Concilio de Bari en 1098. Observar los capiteles con motivos vegetales o zoomorfos es un ejercicio interesante ante tanta variedad y belleza.

Ciborio

Ciborio románico sobre el altar mayor.

En las dos ocasiones que estuvimos en la basílica nos llamó la atención la gran cantidad de fieles que había rezando ante las sagradas reliquias en la cripta, así como la presencia de ciudadanos del este de Europa donde el Santo es venerado. De hecho, aunque está bajo la administración de la orden de los Dominicos, se trata de una basílica pontificia en la que sobresale la labor ecuménica y de colaboración con las iglesias ortodoxas, especialmente la rusa: así, una estatua de San Nicolás, en la plaza delantera, fue donada por Vladimir Putin hace pocos años.

Es un lugar realmente interesante, pues, no sólo por su cercanía al mar (que está a pocos metros) y su valor artístico sino también por ser de los pocos templos en los que diferentes confesiones cristianas conviven en armonía. Bari mira al este una vez más, como lo hizo cuando pertenecía a Grecia, y une ambas partes de Europa y del Mediterráneo en un edificio realmente bello.

San Nicolás

Franciscanos pasando junto a la basílica y al fondo, el mar.