Venecia da para mucho más de cuatro días pero suele ser un destino al que los viajeros dedican más bien poco tiempo. Muchas veces un fin de semana; otras, una escala de crucero o ni siquiera esto, algunos creen que una mañana o una tarde puede ser suficiente a la hora de visitar la ciudad de los canales por excelencia.

En el post de hoy quiero proponer unas cuantas rutas para que te lleves una impresión general de la Serenísima. Cuatro días para zambullirte en sus lugares más famosos, pero también para disfrutar de lo más bello que tiene la ciudad: poder perderte por sus callejuelas y terminar en el Gran Canal no sabiendo por qué, disfrutando de su Gran Salón que es la Piazza di San Marco y cruzando sus innumerables puentes.

Vista veneciana

Torres venecianas. Imagen de Gianni Torre con licencia Creative Commons.

 

Aquí va mi propuesta.

Día 1. Llegar a la ciudad desde el aeropuerto no es sencillo y hay muchas opciones; yo suelo recomendar a mis amigos viajeros que tomen el servicio público de enlace entre Marco Polo (aeropuerto de Venecia) y el centro, con varias paradas a elegir; lleva el nombre de Alilaguna y es competitivo frente a otros transportes en precio y tiempo invertido.

Sin duda, la primera visita tiene que ser a la magnífica Piazza di San Marco, tan conocida en nuestro imaginario como otros lugares del mundo, incluso antes de haber estado allí. Aquí te podrás entretener horas o minutos pero siempre embelesa y fascina. La visita al Palazzo Ducale es imprescindible, así como a la bella Basílica, ejemplo magnífico del arte bizantino con joyas como la Pala d’ Oro. Si además tomas un café en alguna de sus terrazas (a precio de oro, eso sí), paseas bajo los pórticos y subes al Campanile, la visita será redonda.

No dejes de pasear por ella a diferentes horas del día, esta es una razón más para dormir en Venecia y no “rematarla” en un día. El paseo por la Riva degli Schiavone que parte de la Piazza es ineludible y desde allí podrás contemplar la Laguna y disfrutar de mucho ambiente (a veces excesivo) y del trasiego de los turistas que en Venecia se concentran sobre todo en puntos concretos; si sales de la ruta habitual te encontrarás con una ciudad más auténtica y veneciana.

 

Imagen de Stefan Jurca Romania con licencia Creative Commons

Imagen de Stefan Jurca Romania con licencia Creative Commons

 

Día 2. Este día será estupendo para volver a la Riva (saliendo desde la Piazza) y paseando, paseando, torcer a la izquierda para llegar (con un buen mapa, calzado cómodo y ganas de conocer lugares) hasta la iglesia de Santa Maria Formosa, que, como su nombre indica, es una auténtica belleza renacentista. No lejos de allí se encuentran dos iglesias ineludibles en nuestro recorrido veneciano: San Zanipolo (Giovanni e Paolo) y Santa Maria dei Miracoli (mi iglesia favorita de toda la ciudad).

La primera es un impresionante templo dominico que acoge infinidad de tumbas de grandes personajes en su interior: Tiepolo, Palma el Joven o muchos Dux fueron enterrados en esta iglesia que destaca sin duda entre todas las de la ciudad por sus impresionantes dimensiones. En el campo (plaza) que la rodea se encuentra la estatua del “Condottiero Colleoni” de Verrocchio que sorprende con su gesto fiero de capitán mercenario.

Santa Maria dei Miracoli (de los Milagros) es como una caja de nácar, delicada y bella hasta decir basta. El exterior de mármoles es sencillo y suntuoso a la vez (qué cosas) y por dentro sólo cabe admirar las transparencias de los ventanales y la sutileza de su color. Hace tiempo que no voy a Venecia, ya me espera, y tengo claro que a Santa María dei Miracoli volveré aunque sea la única iglesia que visite en esa ocasión.

Tras tanta visita eclesial, puedes dirigirte a algo más mundano como es Rialto. Con su puente y su mercado es otro punto turístico pero lleno de autenticidad y vida ya que aún los venecianos siguen comprando en los puestos de alimentación. A la vez, estar junto al Gran Canal, “la calle más bella del mundo”, tiene sus ventajas ya que se compra a la vez que se admira una de las vistas más impresionantes que se pueden tener en una ciudad.

Si por la tarde tenemos más ganas de arte puede ser buen momento para visitar la Gallería dell’ Accademia, un museo no muy grande repleto de joyas de los maestros venecianos y que suele albergar interesantes exposiciones temporales. Además ofrece hasta el 29 de julio la posibilidad de realizar visitas nocturnas los viernes, ya que permanece abierta hasta las 22:30 horas. Puede apetecer terminar una jornada en este lugar de arte.

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Interior de San Zanipolo, detalle de tumba. Imagen de Gerry Labrijn con licencia Creative Commons.

 

Día 3. Hoy nos vamos a llenar de arte pero de manera más ligera que los días anteriores. Veremos lo que de escenográfico (que es mucho) tiene esta ciudad y también iremos a sitios mucho menos frecuentados por los turistas que la abarrotan.

Tomar el vaporetto nº1 que sube por el Gran Canal ahorra el “sablazo” que supone una góndola y permite disfrutar de la vía principal de la ciudad de manera privilegiada, siempre y cuando cojamos un buen sitio en la parte delantera.

Desde la Lista di Spagna, al final del recorrido, llegaremos en un breve paseo hasta lo que fue el gheto judío de Venecia; muy cerca se encuentra la iglesia de la Madonna dell’Orto, que fue la parroquia del gran Tintoretto y en ella podemos disfrutar de varias de sus obras, ¡verdadero lujo veneciano!

Por la tarde, tras el paso obligatorio por el Campo San Polo, una  de las plazas más auténticas de la ciudad en uno de los barrios menos turísticos, es necesario visitar la Scuola Grande di San Rocco, una de las maravillas más grandes de la ciudad. El edificio, fundado por una fraternidad religiosa para homenajear a San Rocco, es un lugar realmente impresionante que está decorado por los inmensos lienzos de Tintoretto. Sus mayores y mejores encargos fueron realizados para esta Scuola y dejan sin aliento cuando los intentas abarcar con la mirada. No sólo obras de este maestro veneciano podrás ver aquí: Giorgione, Tiziano o Tiepolo también están presentes.

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Plaza veneciana. Imagen de Oliver Jules con licencia de Creative Commons.

 

Día 4. Para los adictos al arte quedaría mucho por ver: iglesias, salas de exposición, museos. Para los paseantes, puede ser un buen día para “perderse”, como he dicho antes e ir descubriendo lugares no visitados, como la Punta de la Dogana y la famosísima iglesia de la Salute.

Hoy yo haría una recomendación: hacer una excursión fuera de la ciudad por la mañana y dejar la tarde-noche para paseos. Hay innumerables opciones: desde conocer Burano o Torcello (Murano quizás esté sobresaturada), hasta llegar al Lido para pasear entre sus melancólicas casetas o cruzar a San Giorgio Maggiore, la pequeña isla que hay frente a la Piazza. Allí también nos espera otra obra magna, la iglesia de Palladio dedicada al santo homónimo.

Tómate, en fin, un respiro de la Serenísima para volver a media tarde y disfrutarla una vez más en esa hora tenue del atardecer. Venecia no puede ser más hermosa en ese momento mágico, ¿o sí?