Madonna dell' Orto

Bien es sabido que Venecia está llena de iglesias; de hecho cuando paseas por la bella ciudad te encuentras cada dos por tres con una. Las hay magníficas y apabullantes en sus dimensiones; las hay pequeñas y recoletas, y también las hay semiescondidas en el fondo de un “sestiere” y si no sabes que están allí, quizás te las saltes.

Hoy dedico este post prenavideño a tres iglesias que ya conocía pero que en nuestro último viaje a Venecia, hace dos semanas hemos vuelto a visitar, 17 años después. Han vuelto a sorprendernos casi en soledad, ya que no son especialmente turísticas, aunque no será por falta de interés de los tesoros que guardan.

Guardad el secreto y seguidme a visitarlas.

Madonna dell’Orto

Nos fuimos hasta el sestiere de Cannaregio, al norte de la ciudad,  para llegar al atardecer a la Madonna dell’ Orto, la Virgen del Huerto, que nos mostró su sencilla fachada de ladrillo y encajes góticos a la luz del sol.

La hermosura de la fachada ya subyuga al llegar y está bien saber que aquí estuvo un templo dedicado a San Cristóbal antes de cambiar la advocación, ya que se encontró en una huerta cercana una imagen de la Virgen que hacía milagros. San Cristóbal todavía es visible en la fachada y después de un rato entramos a ver qué esconde.

 

Interior de la iglesia de la Madonna dell' Orto

Interior de la iglesia de la Madonna dell’ Orto

A los amantes de la pintura veneciana encantará esta iglesia, ya que en ella se encuentran algunas de las obras del gran Tintoretto. También está aquí enterrado, ya que fue parroquiano de la iglesia y realizó dos obras que se exponen a ambos lados del presbiterio. A la derecha podemos ver un “Juicio Final” que transmite poca serenidad; a la izquierda “La adoración del becerro de oro” recuerda, con la peculiar perspectiva del pintor, el episodio del Antiguo Testamento. También podemos ver la “Presentación de la Virgen niña en el templo”, una de las obras maestras del veneciano, en la que el tema principal está relativamente escondido, como solía hacer habitualmente.

Según se entra a la derecha una bella tabla de Cima da Conegliano nos muestra a San Juan Bautista rodeado de santos y enfrente, al otro lado del pasillo central, el espacio vacío de una hermosa Madonna de Giovanni Bellini nos recuerda que fue robado en 1993.

No hace tanto, en 1999, en nuestro viaje de novios visitamos múltiples iglesias y no recuerdo en cuál fue, pero sí que había un “Vía Crucis” con sus estaciones (14) expuesto en una sacristía de mala manera, sin siquiera enmarcar las pequeñas tablas, que cabían en un bolso, y sin ninguna vigilancia. Nos llamó la atención enormemente, así que no es de extrañar que la obra de Bellini fuera robada con relativa facilidad.

Iglesia de San Polo

A pocos minutos del populoso Puente de Rialto, nada más pasar el Campo o plaza de San Polo, está la iglesia del mismo nombre. Pasa un poco desapercibida ya que la calle está muy transitada y es comercial. Pero merece mucho la pena pararse y entrar a visitarla. Además, de esta manera te librarás del gentío de Rialto y de la zona aunque sea un rato.

Es una iglesia diferente en una ciudad de edificios sagrados espléndidos. Fue fundada en el siglo IX, reconstruida en el XV y nuevamente intervenida en el XIX. A pesar de todo, es única por varias razones, aquí os las cuento.

  • porque en el exterior podrás ver dos leones románicos a los pies del campanile, que lo guardan y vigilan.
  • porque en el interior hay una magnífica “Última Cena” de Tintoretto. Sí, otra vez, era muy prolífico y además pintó toda su obra en Venecia. Este cuadro es uno de tantos con la temática de la Última Cena. Si te fijas verás que es dramático, tremendo y muy peculiar en la disposición de los personajes.
  • porque a  los pies de la iglesia hay un pequeño oratorio que está indicado y que guarda un bello tesoro: un Vía Crucis de Giandomenico Tiépolo (hijo de Giambattista). Allí, en un ambiente bien conservado y restaurado, estas pinturas del siglo XVIII contrastan en estilo y color con los habituales de la Sereníssima. Las realizó a tempranísima edad y aquí los puedes ver expuestos, en un contexto claramente diferente al resto de la iglesia.

¿Merece la pena o no, entrar en San Polo?

 

Oratorio con obras de Tiepolo hijo en la iglesia de San Polo

Oratorio con obras de Tiepolo hijo en la iglesia de San Polo

 Iglesia de San Sebastiano

Nos quedamos a este lado izquierdo del Gran Canal para irnos a Dorsoduro y callejear para encontrar la pequeña y bella iglesia de San Sebastiano. Nos costó un poco porque nos despistamos y perdimos unos minutos… pero, ¡qué placer perderse en Venecia!

Al exterior, nos marcó que llegábamos bien el campanile que sobresalía por encima de las viviendas. Una torre que era realmente imponente e incluso algo excesiva para el tamaño de la iglesia.

Consta de una sola nave y fue levantada durante el siglo XVI. Su interior es de los más espectaculares de la ciudad, y esto, en Venecia es mucho decir.

 

Campanile de la iglesia de San Sebastiano

Campanile de la iglesia de San Sebastiano

El presbiterio está cubierto por una cúpula y el día que la visitamos también por los andamios de los trabajos de restauración de las pinturas del mismo. No importó, bueno sí, un poco, pero el lugar es tan maravilloso que sólo nos perdimos una pequeña parte.

En este templo se encuentra gran parte de la obra del Veronés, otro de los grandes maestros de la pintura veneciana. Aquí desarrolló todo un programa iconográfico a través de las pinturas del presbiterio, de los techos de la nave y de la sacristía, del órgano, del friso que la rodea, etc.

Así pues, solo tuvimos que levantar la mirada para admirar la riqueza de su color, con los tonos rojos, amarillos y verdes que tan famoso le hicieron. En el techo de la nave, en unos casetones historiados se nos narra la historia de Ester, la reina que consiguió la liberación del pueblo judío.

Hay que entrar en la sacristía para gozar también del techo, este mucho más bajo y con más obras del maestro.

 

Techo de casetones de San Sebastiano, decorado con pinturas de El Veronés

Techo de casetones de San Sebastiano, decorado con pinturas de El Veronés.

Si amáis el arte y vais a Venecia veréis que no hace falta visitar muchos museos, con que entréis en las distintas iglesias de la ciudad, disfrutaréiss del arte. ¡Ah! y si quieres que las visitas no te salgan mal de precio, compra la tarjeta Chorus con la que podrás visitar muchas de ellas.

Espero que te haya gustado este recorrido, habrá más y por lo menos tan bueno.